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UUUUMMMM AQUÍ HUELE A ASADO

El asado tal vez sea la técnica más antigua de cocinado. Ya se conocía hace 790.000 años, cuando el homo erectus comenzó a controlar el fuego y comprobó que las piezas de carne y pescado, que se cobraba cazando y pescando, estaban mucho mejor cocinadas que crudas.
En términos culinarios, asar es cocinar un género en parrilla, plancha u horno, acompañado solo de elementos grasos y sin nada de humedad, para que quede dorado por fuera y tierno y jugoso por dentro. Aunque la realidad es que cuando hablamos de asado nos referimos a algo cocinado en horno, del tipo que sea.
Precisamente en las fechas que se aproximan, los hornos de nuestras casas echan literalmente humo ya que el asado es una comida muy típica de las fiestas navideñas. Un buen pavo, cordero, cochinillo, cabrito, capón o pescados como la lubina, el besugo, la dorada o la merluza, pueden convertirse en auténticas delicias después de pasar por el horno. Además, el asado es un plato ideal si hay que dar de comer a mucha gente (cosa que suele ocurrir en las mesas navideñas). Un asado, con una buena guarnición y una apetecible ensalada es una apuesta segura siempre.
Para que nuestro asado sea un éxito lo primero es elegir una pieza de calidad, ya sea de carnes, ave o pescado. Se puede utilizar aceite de oliva o manteca de cerdo y aromatizar con diferentes hierbas o especias. Las más tradicionales en España son el romero, la pimienta, el orégano y el tomillo, aunque hay muchas otras posibilidades según el estilo de asado que queramos hacer. Si tenemos la suerte de contar con un horno de leña (como es el caso del de Botín), el propio aroma de la leña le dará un gusto muy especial a la carne, pero si no es así, en los hornos eléctricos o de gas también puede salir muy rico. Aunque si no les apetece complicarse en la cocina, pues se vienen a Botín y aquí podrán disfrutar de un asado a la leña, de cochinillo o cordero, al más puro estilo tradicional, como llevamos haciéndolo desde hace casi 300 años. Y no nos cansamos…

LA LOTERÍA “TRAVIESA”

La mañana de cada 22 de diciembre podría decirse que todo el país está pendiente de lo mismo: El Sorteo de la Lotería de Navidad. La ilusión es gratis, aunque los décimos, por supuesto, no, que cuestan 20 euros. Esa ilusión nos durará hasta las 12 de la mañana en la que ya no quedarán bolas en los bombos y el sorteo se dará por finalizado. En ese momento, la mayor parte de nosotros comprobaremos, no sin cierta decepción, que un año más la fortuna no nos ha sonreído y la lluvia de millones se ha ido a parar, una vez más, a otro bolsillo.
Lo que pasa es que en el fondo somos buena gente y nos alegraremos e incluso nos emocionaremos cuando, en los informativos del día, veamos la alegría de los premiados, celebrando y brindando por su buena suerte.
Son muchos años ya de sorteo y, lógicamente, muchas las anécdotas sucedidas durante su preparación y desarrollo: “Gordos” que no lo son, confusiones al leer los números, bolas que se escurren entre los dedos de los niños… en una ocasión, una bola traviesa fue a parar a una flor de Pascua que había cerca de la mesa, ante la mirada desesperada de la niña a la que se le había caído. Pero los protagonistas de estos “fallos” no siempre han sido los niños. Una vez, mientras varios trabajadores transportaban las bolas del sorteo, vieron cómo, por accidente, estas fueron a parar al suelo y se desperdigaron por todo el salón. Como pueden imaginarse, la tarea de recuperarlas fue ardua, pero lo consiguieron y el sorteo pudo empezar a tiempo. Eso sí, los trabajadores del Organismo Nacional de Loterías, no olvidarán nunca esa madrugada…
En fin, cada vez falta menos para el sorteo de

TURRÓN DE JIJONA, TURRÓN DE LEYENDA

Este popular dulce navideño esconde tras de sí una curiosa leyenda. En tiempos remotos, el rey contrajo matrimonio con una joven y bella princesa escandinava. A pesar de las muchas atenciones que la joven reina recibía en la Corte, su tristeza era cada vez mayor. No se acostumbraba al cálido clima mediterráneo y echaba de menos el frío y los paisajes nevados de su tierra. Entonces, el enamorado rey mandó plantar, alrededor de palacio, miles y miles de almendros. Cuando estos florecieron todo el paisaje se lleno de tonalidades blancas que se asemejaban a un paraje nevado y la reina recobró la felicidad.
A partir de ese momento la almendra fue abundante en Jijona y sus habitantes aprendieron a cuidar de los almendros, recoger sus frutos y empezar a elaborar los primeros turrones.
La realidad es que, según datos históricos, el turrón está presente en Jijona desde antes del siglo XV. De hecho, en 1584, Antonio Martínez, jefe de cocina de Felipe II, en su libro “Conduchos de Navidad” habla de la costumbre de los vecinos de Jijona de comer turrón en Navidad y dice:”En todas las casas de Jijona huele a miel, pues en todas se hace turrón”.

¿QUÉ FUE DEL HOTEL FLORIDA?

En plena Plaza de Callao, esquina con Gran Vía, donde hoy se erige imponente uno de los edificios de El Corte Inglés (tras desaparecer Galerías Preciados), existió a finales de los años 30 un hotel llamado Florida.
El hotel fue inaugurado en febrero de 1924, contaba con 200 habitaciones todas ellas con su cuarto de baño, un auténtico lujo para la época. Durante la Guerra Civil española se convirtió en el cuartel general de los corresponsales de guerra extranjeros. En él se hospedaron personajes como John Dos passos, Robert Capa, Gerda Taro, Scott Figtzgerald, Antoine de Saint – Exupéry y por supuesto Ernest Hemingway, del que Antonio Lucas en la edición digital de “El Mundo” del pasado 6 de octubre dice lo siguiente: “…donde coincidió en el Hotel Florida con Ernest Hemigway, que tenía por costumbre zamparse de tres dentelladas un cochinillo en el restaurante Botín, aliñado con tres botellas de vino”. En su habitación del Florida escribió Hemingway alguna de sus mejores crónicas sobre la contienda española.
Más de una treintena de veces el hotel fue alcanzado por los proyectiles de las huestes nacionales que atacaban Madrid, por lo que era frecuente ver correr pos sus pasillos a hombres y mujeres a medio vestir, arrastrando maletas y colchones para protegerse en las estancias traseras del edificio. El último corresponsal de guerra en abandonar el Florida fue el británico O.D. Gallahger , enviado especial del Daily Express, que esperó en Madrid a las tropas franquistas.
El hotel Florida fue derribado en 1964 y con él se fueron las muchísimas historias vividas entre las paredes de sus habitaciones. Recientemente la escritora norteamericana Amanda Vaill ha publicado un libro titulado “Hotel Florida” en el que se narran muchas de estas historias, protagonizadas por personajes como Hemingway, Capa, Taro, etc.

MANDARINA, GAJOS DE VITAMINA C

En estos días, las fruterías “visten” nuevos colores entre los que destaca el naranja de las mandarinas que ya nos acompañarán durante todo el otoño y el invierno.
La mandarina procede de Asia, aunque se ha adaptado estupendamente a otros climas como es el caso del mediterráneo. Su nombre, mandarina, probablemente venga del color de los trajes que utilizaban los mandarines chinos. En la Grecia clásica se pensaba que el consumo de mandarina aumentaba la fertilidad pues se decía que uno de los dioses del Olimpo griego había introducido su esperma en una manzana y así la había transformado en mandarina.
Se trata de un fruto cítrico cuya pulpa está constituida por numeroso gajos llenos de jugo o zumo, muy rico en vitamina C, flavonoides y aceites esenciales. Se parece a la naranja, aunque su tamaño es más pequeño, es más aromática y bastante más fácil de pelar. Aunque exiten muchas clases de mandarinas, la más conocida es la clementina.
Además su consumo es muy beneficioso para la salud ya que posee un alto contenido en vitamina C y también B, ácido cítrico, azúcares y caroteno. Posee también propiedades broncodilatadoras y antiinflamatorias. Aprovechemos pues que esta fruta está en su mejor momento, además de ser muy saludable, resulta deliciosa pues una auténtica golosina natural.

MANDARINA, GAJOS DE VITAMINA C

En estos días, las fruterías “visten” nuevos colores entre los que destaca el naranja de las mandarinas que ya nos acompañarán durante todo el otoño y el invierno.
La mandarina procede de Asia, aunque se ha adaptado estupendamente a otros climas como es el caso del mediterráneo. Su nombre, mandarina, probablemente venga del color de los trajes que utilizaban los mandarines chinos. En la Grecia clásica se pensaba que el consumo de mandarina aumentaba la fertilidad pues se decía que uno de los dioses del Olimpo griego había introducido su esperma en una manzana y así la había transformado en mandarina.
Se trata de un fruto cítrico cuya pulpa está constituida por numeroso gajos llenos de jugo o zumo, muy rico en vitamina C, flavonoides y aceites esenciales. Se parece a la naranja, aunque su tamaño es más pequeño, es más aromática y bastante más fácil de pelar. Aunque exiten muchas clases de mandarinas, la más conocida es la clementina.
Además su consumo es muy beneficioso para la salud ya que posee un alto contenido en vitamina C y también B, ácido cítrico, azúcares y caroteno. Posee también propiedades broncodilatadoras y antiinflamatorias. Aprovechemos pues que esta fruta está en su mejor momento, además de ser muy saludable, resulta deliciosa pues una auténtica golosina natural.

LA LEYENDA DE LA ALMUDENA

Cada 9 de noviembre, los madrileños celebramos la festividad de la Virgen de la Almudena, patrona de la capital. Pero muchos desconocen que detrás de esta celebración se esconde una curiosa leyenda.
Corría el año 712, Don Rodrigo ha sido derrotado por las huestes musulmanas en la batalla de Guadalete y el Islam se extiende por casi toda la península. Lo que ahora es Madrid era entonces una pequeña villa sin nombre conocido, cuyos habitantes veneraban una pequeña talla de la Virgen María que, al parecer, les había llegado en el año 38 d.C. de la mano de un discípulo del apóstol Santiago. Se trataba de una auténtica reliquia, por lo que los fieles cristianos, temiendo la invasión sarracena, decidieron ocultarla en un pequeño nicho de la muralla defensiva de la ciudad, para evitar que fuera profanada o destruida. Allí la dejaron oculta con dos cirios encendidos.
300 años después, Alfonso VI reconquistó Toledo para la cristiandad e hizo lo mismo con una pequeña villa, llamada entonces “Magerit”, que poco a poco iba cobrando importancia por su estratégica situación en el centro de la península.
La leyenda de la virgen oculta había pasado de generación en generación y al llegar a oídos del rey cristiano, éste ordeno su búsqueda. Las pesquisas resultaron infructuosas ya que se desconocía el lugar exacto en el que se había ocultado la talla. Pero el rey no se rindió y decidió organizar una procesión por todo el perímetro de la muralla a la espera de una señal divina. Él mismo iba al frente de la marcha seguido de nobles, autoridades eclesiásticas y del propio pueblo. De repente, al pasar a la altura de la Cuesta de la Vega, unas piedras del muro cedieron dejando al descubierto la imagen que, milagrosamente, aún continuaba con sus dos velas encendidas. Esto sucedió un 9 de noviembre de 1085. La virgen fue bautizada como de la Almudena porque donde fue hallada había un depósito de trigo que los musulmanes llamaban “Almudín”. Desde entonces, la Virgen de la Almudena se convirtió en la patrona de la ciudad.

CON LA “M” DE MADRID

Estamos acostumbrados a oír que en Madrid está la mayor despensa de España, ya que en Mercamadrid podemos encontrar las mejores frutas y verduras de la huerta murciana, el mejor marisco y pescado de los puertos gallegos, los mejores carnes (vacuno, cordero y cochinillo) de los pastos de Castilla, Galicia o Cantabria… pero Madrid también tiene sus productos propios, muy desconocidos, por cierto.
Esto va a tener solución para finales de año, en que los productos madrileños se distinguirán con la etiqueta “M Producto Certificado”, que hará referencia a productos agroalimentarios producidos, elaborados y transformados en la Comunidad de Madrid. De esta forma se trasladará territorial de nuestra comunidad. De paso se desterrará un poco la imagen exclusivamente urbanita de al consumidor la existencia de productos de calidad generados en el ámbito Madrid y se acercará el producto local a la gastronomía propia.
L logotipo elegido es una “M” mayúscula en un enrejado tipo mosaico. El proyecto ha sido presentado en el Museo Thyssen bajo el título “Madrid cocina su huerta”, en el transcurso del Festival Madrid Jardín Gourmet.

PRISCILLA, REINA DEL DESIERTO EL MUSICAL

A partir del 2 de octubre
PRISCILLA, REINA DEL DESIERTO EL MUSICAL

Es, sin duda, el gran estreno del otoño madrileño. “Priscilla, reina del desierto el musical” viene avalada por las mejores críticas que dicen que es el mejor musical después de “Mamma Mía” y “El Rey León”.
Pelucas, plumas, plataformas inverosímiles, lentejuelas y kilos de maquillaje invaden el escenario del Nuevo Teatro Alcalá (Jorge Juan, 62), para contarnos las aventuras y peripecias de tres amigos que recorren el desierto en un destartalado autobús, al que llaman “Priscilla”, representando un espectáculo drag. El musical, basado en la película del mismo título que dirigió Stephan Elliott, ha triunfado en USA, Reino Unido, Canadá, Suecia, Italia, Australia y Argentina, levantando de sus asientos a más de tres millones de espectadores.
40 artistas, 500 trajes y “Priscilla” el robotizado autobús que es el auténtico protagonista del musical y que ha sido introducido en el teatro tras enormes dificultades (hubo que demoler una parte del teatro y luego volverla a construir) ya que, dadas sus dimensiones, no cabía.
En cuanto a la música, durante el espectáculo sonarán los 25 mayores éxitos de la música disco. Todo un lujazo. El estreno, el 2 de octubre… promete ser el bombazo de la temporada.

COCINA DE OTOÑO

COCINA DE OTOÑO

Ha empezado a hacer más fresquillo. Los árboles están cambiando su resplandeciente ropaje verde por una vestimenta a base de tonalidades marrones y amarillas y a todos nos está invadiendo una cierta melancolía al recordar las vacaciones y el cálido verano, y al pensar en el frío y largo invierno que se avecina. Los síntomas son inconfundibles… llega el otoño.
A primera vista puede parecer que se trata de una estación triste, pero no es así en la cocina, ya que en otoño retornan un montón de productos propios de esta temporada.
Entre estas estrellas otoñales podemos destacar varias: la calabaza, buenísima en cremas, asada, frita o a la plancha; las espinacas y las acelgas, ideales para darle esquinazo a esos kilos de más que, sin duda, hemos acumulado durante el verano; las castañas, riquísimas asadas o crudas, como guarnición de platos salados o como protagonista de dulces postres; las mandarinas, jugosas y dulces y la salvación de esos padres que no consiguen que sus hijos coman fruta (las mandarinas no suelen fallar…); las granadas, buenísimas como postre o en ensalada; las uvas, dulces, frescas y fáciles de comer, más desde que hay variedades sin pepitas.
Y qué decir de las setas en sus múltiples variedades, reinas indiscutibles de los fogones de otoño. Así que nada de lamentarse por los ocios veraniegos pasados y a disfrutar del otoño que tantas posibilidades gastronómicas nos ofrece.



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